Gutiérrez-Cruz, inmersiones místicas

Cristina Gutiérrez-Cruz, “Deseos del ir.” pigmentos y óleo sobre lienzo, 210 x 95 cm. 2014.

“El verdadero artista cambia al mundo revelando verdades místicas.” Esta declaración de  Bruce Nauman, el artista norteamericano multilenguajes de los sesentas, reapareció en 2009 a la entrada del American Pavillion en la  53ª Bienal de Venecia.

De cara a esta afirmación, el arquitecto italiano Marco De Michelis se pregunta:  “Pero ¿cómo podemos describir estas “verdades místicas” hoy en día? “

Pregunta a la que los procesos artísticos de Cristina Gutiérrez-Cruz pueden ofrecernos, si no una respuesta, sí la inmersión en una ruta.

Cristina Gutiérrez-Cruz, detalle, "Sextante", acrílico sobre papel, 2016.

Cristina Gutiérrez-Cruz, detalle, “Sextante”, Origami  y acrílico sobre papel,  78 x 76 cm. 2016.

Desde hace varios años, la ballena surge en sus piezas. Esa ballena enigmática y antigua como la imagen de Jonás viviendo en su vientre, una representación de la inmensidad de lo desconocido que nos engulle para luego salir de la experiencia renovados, en un nuevo plano existencial.  Desde esta perspectiva, podemos relacionar fácilmente a la profundidad y superficie del mar – el hábitat de la ballena – con la esencia de las emociones, por ello, el significado del tótem de la ballena para los Inuit se ocupa en gran medida de las emociones humanas. La ballena también simboliza la creatividad emocional, el bienestar, la crianza, así como la profundidad emocional para esa cultura y para otras, como los aborígenes de Oceanía.

En ese entorno familiar podríamos situar a las ballenas de Cristina, elaboradas como proyectos en Origami, colocadas sobre espacios abstractos como soporte, coloridas e infantiles y navegando en un mar  de formas y colores.

Cristina Gutiérrez-Cruz. "Bitácora"Sextante, 78 x 76 cm., acrílico sobre papel y Origami. 2016.

Cristina Gutiérrez-Cruz. “Sextante” -detalle-, 78 x 76 cm., acrílico sobre papel y Origami. 2016.

Detalle anteproyecto, "Mundo cetáceo". Tinta china, pecera, mapas en origami. 2016.

Detalle anteproyecto, “Mundo cetáceo”. Tinta china, pecera, mapas en origami. 2016.

También sus recientes anteproyectos instalacionistas con papiroflexias de mapas, representando ballenas dentro de peceras de cristal, nos sumergen en otros simbolismos del cachalote. Una caja de vidrio chorrea del borde al fondo, un líquido rojo con el que la sangre se asocia de inmediato, remontándonos a Moby Dick, el libro emblemático de Melville,  el que siendo más que centenario, nos acerca aún ahora a lo que el sociólogo español Carlos Uriondo describe así: “Dentro de las relecturas actuales de Moby Dick parece haber tenido una cierta aceptación el emparejarlo con la cuestión ecológica o, lo que es lo mismo, con el debate presente sobre si el hombre ha errado el camino de su supervivencia planetaria y se dirige en una dirección completamente contraria a ella”.

Detalle, anteproyecto "Mundo cetáceo" Pecera, tinta china, papiroflexia en mapas. 2016.

Detalle, anteproyecto “Mundo cetáceo” Pecera, tinta china, papiroflexia en mapas. 2016.

El lado oscuro de la humanidad es lo ominoso, tanto más terrible cuanto más negado, reprimido e ignorado, aunque sea cristalina su evidencia, tal como la pecera ensangrentada de Cristina, cuyo color cae sobre las criaturas de Origami hechas con mapas. “El mapa no es el territorio”, dice la curadora española Estrella de Diego, el mapa es la manera en que percibimos el mundo que nos rodea y  la cacería de ballenas, así como la búsqueda de la riqueza a costa del planeta que habitamos, son acciones del mismo cuño. Esto despierta la llegada de Leviatán,  Moby Dick, la ballena blanca de Melville, que se convierte en la tumba de su perseguidor.

El artista como místico es aquel que nos sumerge en los misterios sin conducirnos, sino que como un iniciador, nos pone ante el símbolo y nos abandona a nuestra percepción. Su naturaleza “mística” depende de esta peculiar capacidad de transformar nuestra vida en experiencia.  El filólogo alemán Robert Jauss lo describe como dos líneas paralelas de la experiencia artística: 1- Poiesis. Poiesis es un término griego que significa ‘creación’ o ‘producción’; ya Platón lo definía como «la causa que convierte cualquier cosa que consideremos de no-ser a ser».  Esta acción permite al ser humano  satisfacer su necesidad esencial de transformación del entorno para habitar el mundo a su medida; y 2- Aisthesis –entendida como la experiencia básica estético-receptiva– que en  la obra de arte ofrece la renovación de la percepción del mundo, hasta límites catárticos.

Desde esta perspectiva, el arte se convierte en una forma de espiritualidad, que nos pone en contacto con el “anima mundi” (el alma del mundo), que ha sido desde siempre la labor del chamán, desde su mundo ignoto, el mismo que desde el principio de los tiempos ha compartido el artista como creador de nuevos éxtasis o terrores. El arte como terreno místico es un espacio al que el negocio se niega. Sin embargo existe, y el antropólogo Víctor Vacas Mora, nos recuerda:

“Fuera de las sociedades de masas, altamente estratificadas, donde existe un “art pour l’art” con un especialista dedicado a la creación artística, la figura del artista no se encuentra representada tal y como nosotros la concebimos en ninguna sociedad igualitaria pre estatal. Los parámetros que nosotros manejamos para definir lo que es arte y lo que no lo es, se diluyen fuera de las fronteras de la tradición mediterránea. La inmensa mayoría de las sociedades no occidentales no realizan la discriminación arte/no arte, dado que el objeto manufacturado se imbuye en un utilitarismo funcional/simbólico ajeno a los placeres estéticos. Considero, por ejemplo, que un Ahaw del periodo Clásico Maya, no encargaba estelas conmemorativas o trabajos lapidarios para recrear sus sentidos mientras paseaba por la acrópolis de la ciudad bajo su divina férula. O un puidei (chamán) kari’ña no encuentra mayor placer visual en la maraca ceremonial que hubiese trabajado previamente que la carga semiótica/funcional que ese objeto representa, así como el Navajo que elabora una pipa para tabaco no se concentra únicamente en su valor físico como cualidad estética sino en lo que ese utensilio debe representar y encarnar. El arte como mero objeto decorativo, visual o sonoro para agradar los sentidos es, como bien indica Philip Whitten (1981), producto exclusivo de sociedades superestratificadas, contexto en el cual surge la figura del artista, especialista a tiempo total encargado de crear o producir objetos, sonidos, movimientos o palabras que, dentro de los cánones propios de dada sociedad, son considerados agradables y hermosos a los sentidos. Sin embargo, aunque esta tesis no fuera cierta y aquel gobernante Maya se deleitara por los valores estéticos que esas estelas tuvieran para él y las encargara con el fin de embellecer la ciudad o el chamán realmente encuentre agradable a sus sentidos uno u otro tipo de motivos con los que labra y decora sus implementos rituales y orientase su manufactura hacia tal fin, no creo que una antropología del arte deba limitarse a la búsqueda y enumeración de los cánones estéticos de las diversas sociedades existentes. Sería algo así como reducir la antropología a la enumeración de los comportamientos extraños a nuestros ojos que otros seres humanos mantienen.”

Cristina Gutiérrez-Cruz, anteproyecto, "Irse por un tubo", cristal, papiroflexia en mapas. 2016.

Cristina Gutiérrez-Cruz, anteproyecto, “Irse por un tubo”, cristal, papiroflexia en mapas. 2016.

La magnífica pintura al óleo y pigmentos, sobre lienzo, de Cristina Gutiérrez-Cruz, con la que inicio este artículo, nos ofrece una ignota sombra cetácea que navega al fondo del cadáver de una rosa, ¿la inmensidad de lo negado en las profundidades de nuestro inconsciente? Ballena al fondo inconmensurable y rosa seca en primer plano. La rosa es por excelencia el símbolo de lo efímero de la vida que conocemos, ya que es una de las escasas flores que se encierran en su propio corazón y cuando abre su corola, está en la hora de la muerte. ¿Podemos saltarnos olímpicamente el contenido del inconsciente colectivo que bajo las cuatro funciones integradoras a las que nos refiere Carl Gustav Jung y que el artista místico desgrana para nosotros, su público, evidenciando nuestros arquetipos desde la sensación y la intuición?

La misma artista, desde sus anotaciones, a las que me ha permitido acceder, nos ayuda a comprender como Cristina es “una chamana” que nos sumerge en las profundidades interdimensionales de su conciencia. La conozco desde hace años, y estas anotaciones son de un cuaderno que ella llevaba en un curso que ofrecí a un grupo de artistas en 2004, en la imagen de una página de esa bitácora, puede verse un proyecto y frases, como la que corona el boceto: “confianza en la intuición”. Abajo leemos: “El arte es una expresión espiritual”. A la izquierda, abajo: “Ver para adentro, buscar donde nadie ha buscado. En vez de la Bienal de Venecia o N.Y. No importan. Crear donde nadie ha visto.” A la derecha, abajo: “Horizontes Abstractos. Síntesis. 2005.”

Página de la bitácora de Cristina Gutiérrez-Cruz, 2004.

Página de la bitácora de Cristina Gutiérrez-Cruz, 2005.

Los místicos como los artistas que acceden a las profundidades del inconsciente colectivo, sin miedo ni expectativas de resultados para “su público”, nos regalan como Cristina, un encadenamiento de imágenes que nos trasladan a los puntos ciegos para la cultura de consumo. De la misma manera que en una caverna de su alma navega una ballena a la par de una rosa, con un sentido de misterio e inmensidad profunda, también en la nuestra encuentra eco esa imagen extraordinaria. No es el artista que representa lo que ve con los ojos o vive haciendo alharacas técnicas o reproduciendo “la sociedad del espectáculo” en la que vivimos, de la que Guy Debord nos hablaba, el que nos ofrece el espejo del alma. Éste nos pone un espejo del consumo frente a frente. Pero el artista místico, trasciende lo evidente, porque no necesita reiterar lo que sucede afuera, sino por el contrario, se sumerge cada vez más, aunque presente realidades dolorosas, como la cacería inmisericorde de cetáceos a la que nos expone Cristina, pero que nos lleva mucho más allá, los continentes que navegan sobre el planeta ¿hacia su destrucción, cazándose entre ellos por el liquidámbar de sus territorios?

“No salgas fuera. Vuelve a ti mismo. En el interior del hombre habita la verdad”, dijo San Agustín, y nos lo recomienda el arte submarino de Cristina.

Cristina Gutiérrez-Cruz, "Delfín en sala de estar", tinta sobre papel, anotación. 2016.

Cristina Gutiérrez-Cruz, “Delfín en sala de estar”, tinta sobre papel, anotación. 2016.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s