El triunfo desde la mirada subalterna

El triunfo de Dionisos, con una ménade que toca un tympanum, en un mosaico romano de Túnez (del siglo III a. C.)

El triunfo de Dionisos, con una ménade que toca un tympanum, en un mosaico romano de Túnez (del siglo III a. C.)

Desde los frescos romanos, “los triunfos” eran representaciones metafóricas del éxito conseguido por algún personaje de poder, existiendo dos categorías de pinturas triunfales: aquellas que eran representaciones hechas específicamente para ser mostradas en el triunfo (en el desfile), y las que eran pinturas conmemorativas de la victoria o el propio triunfo, que no fueron concebidas para su presentación en el desfile triunfal, sino para su exhibición continua y estática en un espacio público, tal como explica Jorge Tomás García, de la Universidad de Murcia, en su Species simulacrorum: la pintura triunfal romana en la celebración de las victorias.

Esta tradición romana, aprendida de los helenos, ha continuado hasta nuestros días a través del gusto de la gran mayoría por “los triunfos” de los “otros” que son “un éxito” más allá del cotarro, como una proyección de sus deseos. Por eso mismo, “los triunfos” que en general son celebrados (y creídos como tales), provienen de ese pensamiento subalterno dependiente de la cultura hegemónica, incapaz de pensar por sí  y siguiendo como legítimo todo lo que suene a “extranjero”: legitimaciones de personas y de su trabajo publicadas en inglés o firmadas por otros “famosos”, -siempre que sean internacionales-, son válidas. Pero lo que esas personas trabajan, o hacen o dicen, ¿es conocido y ponderado por los celebradores, o simplemente lo dan por sentado porque “allá donde sí saben” fueron reconocidos?

No hace mucho tiempo, conversando con una galerista centroamericana, esta arguyó que yo debía inclinarme ante el trabajo de otra curadora local. Yo argumenté que me parecía que aquella replicaba lo que leía literalmente, y no veía en su labor inclusión, sino un arribismo tendiente a dividir, para poder contarse entre una élite a la que siempre deseó pertenecer. La señora en cuestión se enojó tanto con mi respuesta, que enseguida adujo “los éxitos internacionales” de la mencionada curadora. Sin embargo, cuando yo le cuestioné sobre si conocía el trabajo de esta persona, y cuáles de sus aportes le parecían innovadores y generadores de consciencia, no supo decirme, sino que nuevamente, se apoyó en que “es una personalidad reconocida internacionalmente”.

Malinche, grabado. Doña Marina es uno de los personajes americanos  sinónimo de repudio a lo nacional y sumisión a lo extranjero.

Malinche, grabado. Doña Marina es uno de los personajes americanos que se ha convertido en sinónimo de repudio a lo nacional y sumisión a lo extranjero.

El proceso mental de esta galerista, eminentemente colonizado, es producto de la brillante estrategia que  los colonizadores españoles utilizaron para hispanizar a los pueblos conquistados en América, y que István Szászdi, plantea en  “Las élites de los cristianos nuevos: alianza y vasallaje en la expansión atlántica (1485-1520)”, narrando cómo los soberanos españoles invitaron a varios caciques y reyes a vivir en la corte, colmándolos de obsequios y poniéndolos en contacto con la cultura Occidental a través de halagos y pensiones abundantes en maravedíes, porque sabían que los súbditos de estos en América, obedecerían lo que sus reyes les mandaran a su regreso, cosa que hicieron tan bien, que Esteban Mira Caballos nos cuenta que fue una estrategia muy exitosa en el Caribe, por lo que ya en las primeras décadas del siglo XVI se igualó el status de los caciques aborígenes con el de los hidalgos castellanos y los indios de alto rango social pudieron utilizar el título de “don”, como sucedió con Don Enrique, quien se alzó en La Española en contra de los conquistadores y en 1533 fue endulzado su carácter mediante una estancia en la corte española, confiriéndole el status de noble, así como en 1606, Melchor Carlos Inga, descendiente de Huayna Capac, se convirtió en Caballero de la Orden de Santiago.

Don Francisco de Arobe, de 56 años, con dos hijos: a su derecha, Don Pedro de 22 años, a su izquierda Don Domingo de 18 años, referencias que están escritas por encima de las cabezas de los personajes. Retrato de los negros Arobes que llegaron a Quito junto a los indios de su jurisdicción a prestar obediencia al rey. Esta pintura fue enviada al monarca como testimonio de la conversión y población pacífica de los negros e indios infieles de la provincia de las Esmeraldas.

No es difícil imaginar a estos aristócratas ancestrales apoyando a los españoles en su lugar de origen a cambio de beneficios, puesto que esto continúa replicándose en los gobiernos corruptos de toda América Latina y en todas las áreas productivas, incluyendo las élites teóricas de las artes visuales y sus artistas, quienes ya no apoyan a los reyes de España, pero sí  a las teorías de “los bien posicionados” y a los espacios internacionales en los que de estar, los convierte ipso facto en curadores o artistas famosos.

Este síndrome de Estocolmo, en el que amamos a nuestros captores, reproduce el sistema emocional del codependiente, quien no sabe pensar por sí mismo, ni dilucidar bajo varios puntos de vista una situación dada, puesto que se considera menos que aquel que cree mejor que él o ella, y por lo tanto, le concede poder absoluto sobre sí y maneja un único enfoque (el aprendido) frente a lo que ve, escucha, toca o se mueve.

confor3¿Cuántas veces nos tomamos el cuidado de investigar por nosotros mismos sobre alguna persona o situación que todos alaban “por sus triunfos”, para determinar cuántas posibilidades existen de que esté aportando al entorno un sentido de valor propio que genere confianza en lo que somos y no en lo que se espera de nosotros como comunidad, como colectivo o como individuos? porque la contribución del “triunfador” debe generar autoestima e inclusión y no debe propiciar el consabido patrón excluyente, que es producto del pensamiento colonial.

Gemma Sánchez Gracia, la psicóloga transpersonal, quien se ha especializado en la dependencia emocional, escribe : “Es fácil mantener y alimentar la dependencia emocional toda una vida si uno carece de la lucidez necesaria para no dejarse impactar por las expectativas creadas por el sistema y la sociedad con las que le bombardearán a través de los medios de comunicación y la publicidad.”

D José Sarmiento Virrey criollo de México, Conde de Moctezuma y Tula.

D José Sarmiento Virrey criollo de México, Conde de Moctezuma y Tula.

Por lo tanto, “los triunfos” y “los legitimados”, deben pasar antes, por el filtro de nuestra autoestima como colectivo centroamericano, antes que por el filtro de las apariencias, que nos dicta la consabida frase,”ese artista o ese curador ha sido reconocido fuera”, típica del malinchismo que aqueja a nuestros pueblos en todos los sentidos. La terapia a seguir para dejar de lado “los triunfos internacionales” y pensar en desarrollar el potencial propio, parte de la comprensión de un pasado de colonización que nos ha llevado a adaptarnos de la mejor manera posible a las creencias de la cultura hegemónica. Cuando logremos reconocer la mirada subalterna en nuestra manera de entender ese mundo que nos educó para contar con referentes externos y jamás internos, entonces podremos buscar nuevos valores, más allá de los conocidos, en términos de quiénes somos en  verdad y quiénes son los verdaderos triunfadores, quizás quienes sean capaces de romper el cerco de nuestros criterios aprendidos, aquellos que hablan desde una cultura deslegitimada por el mestizaje, capaces de crear valor desde esos Universos que conviven con nosotros pero que percibimos como si fuesen otras dimensiones, porque los ignoramos. Vale la pena en este sentido, citar el trabajo de Luis Porras Mora, y su revalorización y devolución de los sonidos ancestrales de los pueblos originarios de Costa Rica, un verdadero baluarte para aprender de lo que nos es extraño, estando a la par: http://www.jirondai.com/Proyecto_Jirondai/index.html  o también, conocer el trabajo de sociólogos que buscan en el sentido originario de la imagen, como Silvia Rivera Cusicanqui, quien puede proveer una visión relevante sobre esa manera de buscar y comprender lo olvidado, para entender mejor nuestro colonialismo interno. Como en cualquier terapia, parte de que seamos capaces de reconocer lo propio, oculto bajo tantas imposiciones. Sólo así podremos entendernos y desarrollar propuestas endógenas, y por lo tanto, diferentes.

 

 

8 pensamientos en “El triunfo desde la mirada subalterna

  1. Muy bueno, claro y fuerte, ademas de elegante.
    Porque no lo da a la revista RARA?

    Aimee Joaristi A.
    Head Designer
    Joaristi & Barascout

  2. Quienes hemos sido parte del “sur” del planeta lidiamos una y otra vez con la lucha interna de ser nosotros mismos, de ser raíz y tierra nuestra o doblegar la rodilla y asumir como propia la cultura imperial. El “norte” ha impuesto su visión del mundo, de la distribución de riqueza y de la forma de vida y hay quienes han confundido su ser llenándose de eso ajeno para permitirse ser “oficialmente” correcto y popular entre ciertas élites que se precia de ser parte de.lo ajeno. El dolor que llevamos ancestral se pronuncia y se revive en cada negación, en cada momento en que dejamos de devolver a nuestro origen su merecido tributo siendo nosotros mismos. Maravilloso sería triunfar allá, en el mundo “oficial” llevando y dando a conocer el sentir propio el orgullo y el amor por ser una vida cargada del color de su tierra. La magia radica en ser y sentirse quien somos en escencia y transmitir al otro el respeto y la dicha de serlo. Gracias Marcela por ser tu misma y enseñarnos a defendernos para serlo.

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